"Hay quienes creen que los líderes políticos se preocupan por los padecimientos de sus gobernados y son tan osados que llaman ingenuos a las personas religiosas. Cordial saludo a todos.
En términos de bienestar, el soberano es el individuo, mientras que el político no solo vende ilusiones, sino que es el palo en la rueda, el bache en el camino o la fricción que detiene. Pero, ¿de dónde me surgió esto y qué tiene que ver con la batalla de Stalingrado?. Resulta que en las festividades para recibir el año nuevo de 1943, Hitler prohibió el consumo de brandy y champaña en su cuartel general. Como respeto, frente a los sufrimientos del sexto ejército que se encontraba en Stalingrado y así se lo comunicaron a su población.
Sin embargo, el pueblo alemán no sabía que aquel ejército se encontraba rodeado o cercado por el ejército rojo de la Unión Soviética en la acción conocida como operación Urano. Los suministros no llegaban y el líder nazi prohibió la retirada en su afán de conquistar la ciudad de Stalin. Qué gran gesto de solidaridad ese de Hitler. Mientras sus soldados morían de inanición, ellos dejaban de tomar brandy y champaña. Y seguramente cuando se enteraron de la noticia, su ánimo se elevó ante los padecimientos de su líder. Por favor, qué ridículo.
Como si el engaño no fuese suficiente, los soldados tenían prohibido escribir a sus familiares acerca del cerco y de su falta de suministros y de no obedecer serían castigados. Claro que ni modo de quitarles el pan que no les llegaba. Beevor lo cuenta así en su libro La Segunda Guerra Mundial, cuando cita una carta que nunca llegó a su destino en un avión que fue abatido.
La siguiente pregunta que voy a formular parece cruel, pero no tanto como aparentar solidaridad con la prohibición del brandy y de la champaña en el cuartel general de Hitler. ¿A quién le importa tu sufrimiento, soldado alemán, que escribiste estas líneas en la esquina de una postal?. La respuesta: a ti mismo y quizá a tu familia, pero solo tú puedes dar cuenta del grado de tu sufrimiento. Y el político, bien, gracias. La comida es el tema principal de la comunicación entre familiares que se encuentran distantes, pero no pueden hacer nada. Su pregunta por la comida, si has comido o no, es una especie de auditoría sobre tu supervivencia. Si has tenido acceso al bien de primer orden, ese que permite todos los demás fines o elementos que procuran bienestar, pero insisto, no pueden hacer nada.
Para la Escuela Austríaca de Economía, los entes colectivos (pueblo, nación, sociedad) no actúan, ni tienen metas, ni valores, ni sentimientos. Solo es el individuo el que actúa y por tanto puede salir en busca de su bienestar. Palabra esta, bienestar, que solo existe dentro de la conciencia de cada persona.
El político, ¿qué va a saber de tu sufrimiento?. Prohíbe el brandy por imagen o por preferencias personales, en este caso de Hitler, en un ejercicio de diseño del mundo desde la oficina. Mientras en Stalingrado el poco bienestar viene de la carne de caballo que antes podía tirar de los suministros que ahora no llegan y hace evitar por un corto tiempo morir de inanición. Solo el individuo conoce el grado de su insatisfacción. Ningún líder puede poseer la totalidad del conocimiento sobre las necesidades, deseos y circunstancias de cada persona. Es más, un soldado alemán podría pensar: 'Dicen que Hitler prohibió tomar brandy en su cuartel general. Mejor me lo hubieran dado a mí a ver si puedo retrasar mi congelación hasta mañana'.
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