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Lecturas del Bosque

Lecturas del Bosque

By: Camilo Vadillo
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Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.

Camilo Vadillo
Art Literary History & Criticism
Episodes
  • #34 La cabeza del santo - Socorro Acioli
    Jun 4 2026

    Hace algunas semanas terminé de leer La cabeza del santo, el primer libro de Socorro Acioli.

    La primera hoja del libro es una de esas impactantes páginas en blanco que sirven de adorno a alguna poderosa frase prestada de alguien más. En este caso, es una cita de Pedro Páramo, que funciona como recuerdo y como aviso.

    En la siguiente hoja comienza la historia de Samuel, que, al igual que Juan Preciado, emprende un viaje hacia un pobre pueblo en ruinas, en busca de un padre perdido al que no conoce ni quiere conocer.

    El camino a pie hasta Candeia es duro, y el paisaje semidesértico del sertão cearense no parece tan diferente al de Comala.

    Como yo nunca he estado personalmente, ni cerca de Jalisco ni de Juazeiro del Norte, cuando leo sobre este tipo de paisaje —que no deja de ser un protagonista omnipresente en estas historias—, recuerdo los áridos terrenos de los alrededores de Pucará, o a las solitarias piedras entre Llallagua y Siglo XX.

    Después de una larga travesía, cuando Samuel llega mendigando a Candeia, encuentra una tremenda estatua de San Antonio de Padua, solo que está decapitada: el cuerpo gigante está arriba de una montaña y la enorme cabeza de concreto está abajo. A falta de un lugar mejor, Samuel se resguarda de las inclemencias del tiempo dentro de la cabeza; pero de madrugada lo despiertan media docena de voces que le rezan al santo. Resulta que dentro de la cabeza, Samuel, y solo Samuel, es capaz de escuchar los rezos que le hacen en los alrededores al santo casamentero.

    Dada su triste condición de mendigo, Samuel decide usar su nuevo talento para lucrar y hacer negocio con las solteronas del pueblo. Este es el motor de su simpática historia, en la que también vamos conociendo las venturas y desventuras del pueblo de Candeia y su gente.

    Lo más increíble es que la estatua decapitada de verdad existe, y estuvo sin cabeza durante décadas, hasta que la historia del libro se hizo viral y generó presión suficiente para que, después de 39 años de acefalía, finalmente le construyeran una nueva cabeza al pobre santo.

    La cabeza original, la que hizo de casa y refugio para Samuel en sus tiempos de mendigo, todavía sigue a los pies del santo y ahora sirve como museo y destino turístico para los mochileros literarios.


    Socorro Acioli nos muestra la pobreza, la opresión, el abuso, que forman parte de la realidad del sertao brasilero, pero también su encanto, su resiliencia frente a la adversidad, su valentía a la hora de soñar y de mantener viva la esperanza. Y tiene la capacidad de hacerlo hasta en una sola frase, como cuando dice “que era todo tan lindo que apenas cabía en sus pequeños sueños, tuvo que aprender a soñar más”.

    Así fue que en Candeia pude ver que, a diferencia de los abandonados pueblos mineros, o del purgatorio sofocante de Comala, donde las personas parecen confundirse con el paisaje: en sus silencios, en sus inescrutables miradas lentas, en su solemne carga del pasado que va marcando su caminar sin tiempo; en el sertão de Acioli las personas, en lugar de mimetizarse, hacen un contraste frente al paisaje: son abiertamente chismosas, expresivas con desconocidos y extraños, y en lugar de cargar gravemente con las tragedias del pasado, se ríen tanto de ellas como de sí mismas.

    Tal vez por eso el libro se siente leve, ligero, como una brisa por dentro, que se agradece porque hace falta, porque qué sería de la vida sin poder conversar, de vez en cuando, con algún embustero, algún saca suerte, algún encantador de serpientes, de nombre Eligio, Vasco, o Gabriel.




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    5 mins
  • #33 La Odisea - Homero
    May 14 2026
    No me dieron los dioses el talento del canto que hechiza las almas, ni la visión del poeta que encuadra palabras. Mas quiera la Musa, hoy día, poder ayudarme, pues deseo hablar de la historia del pacientísimo Ulises, destructor de ciudades.Hay algo que siempre me maravilló de los mitos y las leyendas:La idea de lo eterno; lo continuo. De lo que, frente a lo que cambia, queda. Pues, similar a los inmortales que habitan el éter divino, el mar de anchos caminos, o el sombrío país de los sueños, parecen haber patrones en la experiencia humana que, aunque se transforman, perduran a través del tiempo.La Ilíada y La Odisea funcionan, en parte, porque logran conectar con esas disposiciones recurrentes. Y en ese algo que persiste se esconde un sutil tipo de magia que, me parece a mí, es de los más bravos encantamientos del arte.Los milenios pasan; las estructuras sociales cambian; nacen nuevos idiomas y culturas. Cambia el ritmo con el que las personas viven y entienden la vida; y cambian las maneras en que se considera correcto vivir. Sin embargo, a pesar de todo eso, hay historias que no sólo sobreviven, sino que continúan vivas. Se siguen contando e interpretando, a las luces y sombras de los efímeros días que a cada uno le toca vivir.Yo me imagino a innúmeras personas narrando, bajo el cielo poblado de estrellas, el dilema de Aquiles, el de pies ligeros: elegir entre una vida larga, tranquila y olvidable, y una existencia corta que le dé gloria eterna. Imagino a madres de madres contando a sus hijos las astucias de Ulises, el de heroica paciencia: cómo engaña a los cíclopes; cómo se las ingenia para oír, sin perderse, el canto de las hermosas sirenas, que hechizan a todos los hombres; y cómo navega, en su oscuro navío, hasta el mismísimo límite del mundo; hasta aquel tenebroso país que permanece sumergido entre la bruma y la niebla, y por el que jamás han aparecido los brillantes rayos del sol.Recuerdo a mi padre hablándome de los aqueos, de hermosas grebas, en feroz y épico combate con los troyanos altivos, mientras los dioses escogían a sus preferidos entre los pobres mortales. E incluso hoy, antes de encontrarse con el Sueño, soberano de todos los dioses y todos los hombres, Aurelio, mi hijo querido, se maravilla escuchándome repetir las aladas palabras de Homero.Ahora bien: ¿cuáles serían esas fuerzas atemporales que encontramos en la Odisea?La Odisea es, principalmente, una historia sobre el regreso: la larga y difícil restitución de un orden perdido.Ese impulso por volver —que guía a Ulises por mares inciertos y tierras extrañas; que lo hace continuar, incluso cuando fuerzas terribles lo amenazan de muerte, u otras, igual o más terribles aún, lo seducen con los placeres del cuerpo y del olvido—, ese impulso por volver, decía, es una de las fuerzas más persistentes en la experiencia humana.Ulises no sólo quiere sobrevivir, quiere volver a casa, quiere volver a ser el padre de Telémaco, el esposo de Penélope, el Rey de Ítaca. Lo paradójico es que para poder volver tiene que cambiar, tiene que mentir, disimular, transformarse. No puede seguir siendo el mismo después de ver morir a sus amigos, de convivir con dioses y monstruos, de pasar por el mismísimo infierno con tal de volver. Ítaca tampoco puede ser la misma de cuando él partió. Telémaco ya creció sin padre, Penélope ya envejeció en soledad, su casa fue tomada por otros hombres y su madre ya falleció en la tristeza de no verlo volver.Y lo comprendemos.Porque nadie vuelve igual de la guerra.Ni del amor.Ni de la enfermedad.Ni de la pérdida.Ni siquiera del paso del tiempo.Lo comprendemos.Por la increíble nostalgia que nos provoca reconocer que en realidad no es posible volver.Sin embargo, no dejamos de añorar un país, un barrio, una casa, un amor, una época, una versión de nosotros mismos.Al final Ulises vuelve, pero no él es el mismo Ulises que se fue, ni su hogar es el mismo reino que dejó.Entonces, ¿qué significa volver?El regreso no es a un lugar físico, no es a Ítaca, a Macondo, o a Comala, sino aquello que le da forma y sentido a la vida.Volver no significa recuperar un pasado intacto, sino reconstruir una continuidad después del cambio y la transformación.Quién sabe, hoy por hoy, para mí, volver puede significar, animarse a colgar hamacas del horcón, a guardar aquel cajón de las maletas hechas, o aprender a hacer café. Para terminar quisiera decir que la Odisea es la madre y padre de todos los cuentos de aventuras occidentales, está llena de poesía que nos enaltece por dentro. De escenas de acción que no dejan de provocar asombro, y de conmovedores momentos que ahora me acompañaran por siempre.Ojalá mañana, cuando te despierte la Aurora de dedos de rosa, te acompañen a vos también.
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    8 mins
  • #32 Dune - Frank Herbert
    Jan 13 2026
    DuneLos libros son como pequeños artefactos mágicos.Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.Están también los que nos fascinan. Nós encantan con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que a veces nos falta.Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo, se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control. Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no deje respirar.El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal, funciona porque encaja perfectamente con ese ambiente retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.Y claro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.Ese mundo, es en parte Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas ...
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    18 mins
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